Vine al mundo, con esos ojazos, un 25 de Diciembre y me parieron al ladito de un establo.

   En el pueblo ya suponían que no era El Mesías quien se manifestaba, porque no apareció aquel día ninguna estrella rutilante que anunciase mi llegada, sino una riada descomunal que anegó las casas y los campos.

   El río Molinar, en su euforia, preñado como mi madre de alegría y vigor, se propuso llegar al Ebro con la feliz noticia de mi nacimiento..., y se le fue la mano.

Y es que en Frías, donde me nacieron, las aguas y las gentes tenemos estos prontos.

   Para seguir ofreciendo algunas pinceladas sobre mi, y jugando con la letra “efe” de Frías, les diré que...


Tuve una infancia feliz, fluvial y forestal.

Una adolescencia febril, fugaz y fatal.

Mi juventud fue feroz, falaz y furtiva.

Y ahora, con medio siglo vivido, estoy fantástico.

 

 Este es mi mejor momento.

¡APROVÉCHENSE!